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Bodegas Marisol Rubio ha irrumpido en el mercado de los vinos con un producto diferente e innovador, principalmente por tres características: ser 100% Pedro Ximénez; seco y tranquilo; elaborado en un pueblecito de Toledo.

Todo ello llama la atención de un mercado en el que cada vez es menos frecuente encontrar vinos monovarietales, donde Pedro Ximénez tradicionalmente se ha asociado a vino dulce, y siendo variedad autóctona de la zona de Córdoba.

Este innovador proyecto nace de la idea de dos hermanos, Jorge y Piedad. El primero ingeniero industrial, y la segunda periodista, quienes quieren ensalzar la labor agrícola de su padre, Cipriano Garrido y homenajear a su madre, Marisol Rubio.

Una marca de mujer “Bodegas Marisol Rubio” dirigida por una mujer “Piedad Garrido” en un sector con una clara brecha de género.

El vino se caracteriza por un color de oro nuevo, con reflejos verdosos. En nariz, destacan sus aromas varietales predominantes de hierbas y frutas blancas, que derivan posteriormente en matices anisados y tostados debido a su crianza. Su paso en boca es equilibrado y suave, culminado por un elegante amargo final que alarga el retrogusto con toques salinos y minerales.

La vinificación se ha hecho con fermentación en depósitos de hormigón subterráneos a temperatura controlada, realizando maceración peculiar parcial con pieles de uva madre. Posteriormente, ha sido envejecido durante cinco meses en barricas de roble francés aplicándole un con batonage semanal (crianza sobre lías).

Los hermanos Garrido Rubio también se han adentrado en el mercado del aceite de oliva virgen extra con un producto diferente: un coupage de cornicabra, picual y arbequina.

Todo ello producción de la finca familiar ubicada en el Paraje La Rizosa (Villanueva de Alcardete – Toledo). Un reconocimiento a un padre, el cual ha basado toda su trayectoria como agricultor en priorizar la calidad del fruto frente a la cantidad. Según, Piedad Garrido, CEO de Bodegas Marisol Rubio “además, la alegría, el ímpetu y la pasión por la vida de mi madre nos impulsó a dar a conocer al mercado el trabajo como viticultor de mi padre”.

La imagen de esta bodega es el nombre, y firma auténtica, de Marisol Rubio, serigrafiados con un color dorado en botella, tanto en su vino como en su aceite de oliva virgen extra.

Un proyecto que está conquistando a grandes críticos y chefs, y que se ha situado en la alta cocina española. Una edición limitada que el próximo mes de abril se verá ampliada en una segunda edición, y con una nueva primicia también de la variedad Pedro Ximénez. Un storytelling tan real como perfecto.